Mantengo cautivo un pequeño calendario del año 2002 entre las páginas de un libro de Albert Camus. No es desde luego el único, tengo por costumbre atrapar en la marea silente de mi biblioteca piezas con las que he medido el paso de los meses en distintos años.
En ocasiones me da curiosidad saber a dónde ira a parar todo aquello. «Hay más tiempo que vida» solían decir mi madre, y mi abuela antes que ella. Cuando la mía cese, los retazos de tiempo que voy coleccionando aún seguirán apareciendo sorpresivamente ante quienes desempolven las palabras que me han acompañado.
¡Qué alegría!
