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Divagaciones I

Escucha: Divagaciones I

La memoria es aleatoria. Los recuerdos se disparan bajo el estímulo de un sonido, de una imagen vislumbrada apenas donde termina el campo de visión. Los recuerdos te asaltan y se sublevan. No queda sino dejarlos salir. Aumentar el caudal insensato de anécdotas en un mundo lleno ya de historias.

Vine al blog porque me dijeron que acá estaba mi memoria. Es un motivo lleno de trampas, puestos a ello el registro de las ideas se ha desperdigado por las redes sociales y amontona papeles donde se trazaron piezas de mi mente que ya no me pertenecen.

Aquí mismo existen vínculos a esos otros receptáculos de las formas y conceptos que me habitan, o que lo hicieron y ya han partido en busca de su propio sostén. Esas ideas e imágenes son ya de todos.

Vine acá para hilar frases como quien susurra para despertar a un muerto. El viejo blog se resiste a hundir el verbo gris en la nada vergonzosa, a cortar la lengua negra, escupirla y olvidarla como un mal sueño; de esos que abundan en este año aciago.

Acá seguimos por mera terquedad.

A un gato

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

Jorge Luis Borges

Shades

Afuera.

Más allá de la frontera del jardín se encuentra el mundo hostil del que extraño muy poco. La trampa que tiende es ingenua, y su visión anticipada permite que desde la trinchera de un teclado y una tableta gráfica realice los cambios pertinentes para trazar el entorno que elijo habitar. Así el mundo no es ya lo que se me impone, sino un mecanismo que voy construyendo para resistir cada amanecer. Si logro llegar al final del día sin perder la cordura, entonces ha sido una jornada productiva.  Más allá del jardín que resiste a su vez la sequía, todo sucede a un tiempo de vértigo. Cada individuo busca la mejor manera de adaptarse y continuar en el breve espacio que le corresponde, transformándolo según las herramientas a su disposición o aceptando su influencia conforme va sucediendo.  Yo tengo un teclado, pixeles, colores líquidos, recortes de cartón y periódicos viejos.

Este es un año insólito que se ha ido extraviando y aparecerá en un futuro reseñado como un mal sueño que nos condicionó a replantearnos cada aspecto de nuestra existencia y la interacción con los demás. A pensar en el espacio que nos rodea, lo que hay afuera de nuestros muros y de nosotros mismos.

por

La nueva normalidad

Han pasado tantos días desde la última vez que redacté algo en esta bitácora que me parece estar en otro mundo. Desde luego esta es poco más que una metáfora, el mundo que habito es distinto en muchas formas; piso un territorio más hostil y con menos certidumbres que el otro de allá afuera hace unos meses. Nadie sabe qué viene a continuación, cómo nos relacionaremos ahora que el contacto antes cotidiano puede literalmente convertirse en un escalón hacia la enfermedad y la muerte; qué habremos de hacer para mantener un techo sobre nuestras cabezas y algo de alimento en la mesa, una vez que la brutal recesión económica ya en marcha nos reciba tras el confinamiento.

Oficialmente ahora soy una cifra. Un elemento más añadido a los millones de individuos que alimentan y hacen más amplia la brecha del desempleo en el mundo nuevo, un poco distinto al anterior pero todavía similar en cuanto a la inequitativa distribución de los recursos.

No me quejo. Algo hay todavía para ir tirando, y desde luego sería peor engrosar las estadísticas de enfermedad o decesos. Dentro de los desempleados me encuentro aún en una posición de privilegio, el hambre no me persigue y puedo libremente redactar esta bitácora. Seguir trazando lineas, amontonando palabras y colores. Mi voz lanzada al mundo tiene crédito para continuar.

El futuro con su nueva normalidad llegará, o quizá no. Mientras sólo queda aguardar sin alterarse.

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