Verbo Gris, Lengua negra.

Filas interminables.

Para intentar (sin la certeza implícita de éxito) obtener un empleo. Una remuneración que será insuficiente de cualquier forma, pero siempre mejor que las tardes apáticas deambulando en la calle con la sección de anuncios clasificados en la mano.

    Filas interminables para conseguir un préstamo poco ventajoso por un reloj o algún electrodoméstico. Cualquier  pertenencia con algún valor que es casi siempre más sentimental que pecuniario. Soporte moral durante las noches de tristeza.

   Hay que estar en filas interminables incluso para abordar el transporte por la mañana observando el apuro de los afortunados que tienen empleo fijo. Tal vez hasta una profesión interesante; aunque por lo hosco de las miradas, la posición corporal descompuesta y la amargura en los rostros de la fila y dentro del transporte, es seguro que dichas actividades distan enormemente de ser gratas.

Foto Marco Peláez / La Jornada.

    Filas interminables para llenar impresos y contestar preguntas a jóvenes sicólogas que portan sonrisas distantes y van transformándose al caer la tarde en muecas de fastidio. Hay que tratar de impresionar. Intentar que la necesidad, el apremio de las deudas, la carencia del desayuno, la falta de esperanza no se filtren en las escuetas respuestas.

No se debe parecer demasiado joven, tampoco estrictamente viejo. Hay que lucir amable, atractivo, interesante; no andar por las calles y las oficinas de Recursos Humanos como una más de las sombras que se van acumulando con la tarde.

Esconder el hambre.

Filas interminables de seres en la misma circunstancia del desempleo. El empeño de bienes, las deudas, los hijos en edad escolar, los reproches, la tristeza.

Hasta siempre, Rita

El dios de la oscuridad tiene una garra puesta en mi alma.
Puedo dejar de existir en su boca.
Es la sed del infinito.
Es la ausencia, es el deseo, la ansiedad…

Santa Sabina.

Rita