Observo con tristeza que hace más de un año no paso por acá. Siempre hay aplazamientos: escribiré algo el fin de semana, ya lo haré en un momento libre, usaré uno de esos tediosos ratos de transporte hacia la nada.
Lo cierto es que el blog sigue sin actualizarse. Tampoco es que haya nada extraordinario qué contar, o que en los días que vivimos existan todavía lectores de blogs. Pero, ¿no se trataba de añadir lo más elemental de cada jornada? ¿no es al fin y al cabo una bitácora personal dónde registrar las nimiedades del día o la noche? Porque registrar el paseo nocturno, los sueños, también es válido. Sucede que de pronto uno espera para tener a mano la vivencia fuera de lo ordinario y…
El acto de abrir los ojos y salir a trabajar; pagar las deudas, alimentar al gato, tomar una foto en la calle, mirar una nube o acercarse caminando al litoral para escuchar el rumor del agua es suficiente para contarlo. Acá sigo.
