
Me habitas como yo habito el mundo. Vas y vienes a través de tus ciclos modificando mi interior, trasladando imágenes en mi mente, añadiendo secretos colores, tonos nuevos para cada luz y oscuridad existente siguiendo la espiral de una mudanza perpetua. La misma que yo recorro sin parar, modificando espacios y dejando mi marca en el hábitat que por temporadas me corresponde.
Tú, Madre siempre terrible. Ballena de todos los cielos.
Tú, Madre siempre bromista. Vecina del perejil prestado.
Sabes que yo comprendo la carne mínima del mundo
para poder expresarlo.
En el hueco generoso de tus manos habito como Tú habitas el infinito giro sideral de las espirales. Voy y vengo a través de tus ciclos que gobiernan sobre el mar y las criaturas de la noche. Registro las imágenes que me otorgas, las palabras que depositas con dulzura bajo mi lengua.
La música que vibra en mis huesos y no alcanzo todavía a interpretar.
