Cuando la melancolía choca contra la brutal ola de calor sudcaliforniana, deja un sabor extraño al que no termino de habituarme.
La sensación térmica influye por supuesto en el malestar emocional, no es la misma que en los lejanos días de patear las calles en la vieja ciudad de los palacios con el frío mordiéndote las botas; temblando bajo la lluvia mientras intentabas capturar la luz ocular de alguna incauta, y oscurecerla bajo el contagio de la nostalgia. No es la misma sensación, digo, que al andar sobre los caminos arenosos; bajo la presión asfixiante de las calles colindantes al desierto y los dos mares. Que recibir en los pulmones el golpe brutal de un aire áspero, mientras la huida de la tarde te adormece.
Es una tristeza distinta, otras son las humedades y la sal está presente en todo; pero como entonces, hoy la perfecta banda sonora para una noche opresiva corre a cargo de Tiamat y sus graves acordes.
Caminemos, pues.
